Un planeta azul con destino negro

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miércoles, 31 diciembre 2014

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Planeta azul“¡Oh, es un hermoso planeta azul!”: Esta fue la frase emocionada del astronauta que por primera vez fue lanzado al espacio y cumplía la misión de circunnavegar la tierra en el comienzo y despliegue de la astronáutica en el mundo, por lo tanto, tenía el envidiable privilegio de tener a la Tierra al frente suyo y apreciarla en toda su magnificencia.

En efecto, el suave, sereno y casi mítico color azul es propio del planeta Tierra, de nuestro “hogar natural”, de la casa de todos. La bella coloración del planeta en un principio sólo era conocida por un reducido número de científicos y astrofísicos, luego, este conocimiento se amplió gracias al avance de la televisión y especialmente de la puesta en órbita de los satélites que transmitían imágenes a todo el orbe.

El color peculiar que emite nuestro planeta se debe entre otros factores a la presencia de la atmósfera que lo envuelve con capas superpuestas, lo que permite la presencia del aire y consiguientemente de Oxígeno, permitiendo que el “Tercer planeta” sea el único con vida en el sistema solar. Es también la atmósfera – al recibir la refracción solar que rebota del suelo terrestre – la causa de esta comentada fulguración azul.

Es el hombre – a pesar de jactarse de racional – el único ser que destruye su hogar, su hábitat, pauperiza su entorno, desequilibra el medio ambiente, destruye su futuro y pone en riesgo su existencia. Pues de seguir con la misma actitud y no renunciar a la prédica, al solo hablar, a la figuración, y al discurso de lo cual ya estamos saturados y de no poner en práctica de una vez por todas “acciones”, políticas operativas y un verdadero cambio de vida, que no quede en leyes que nunca se cumplen o en discursos líricos que rápidamente se olvidan, el mal llamado Homo Sapiens se puede extinguir como muchas especies animales y vegetales que están en ese mismo proceso que el mismo ha originado.

Pero lo paradójico y preocupante es que si esta degradación sigue en aumento acabará irremisiblemente en un colapso, apagando toda vida en la faz de la Tierra. Decía que es paradójico porque es el ser humano quien se convierte en el causante de este problema, pues creyó ingenuamente que el avance científico, industrial y material convertiría al planeta en un “Paraíso terrenal”, que gracias a los adelantos de la ciencia y el empleo de la tecnología, el hombre conseguiría abundancia de alimentos, riqueza material y cultural, que cada vez trabajaría menos, el trabajo duro, riesgoso y pesado lo harían las máquinas, que se conquistaría gran parte del universo y se ensancharía el conocimiento y el saber humano.

Este pensamiento a modo de una “Profecía científica”, fue planteado en la década 60-70, señalándose al año 2000 como la fecha en que todo este “Humano sueño” se haría realidad y se decía que el ser humano a partir del año 2000 viviría en un siglo de maravillas y de luz.

Hemos rebasado el año 2000 y constatamos con decepción que en efecto hay un avance científico y tecnológico en las comunicaciones, en la virtualidad y en la producción en masa, la erradicación de algunas enfermedades endémicas que asolaban al mundo, el uso de la llamada “Tecnología de punta” en las diferentes ramas del saber humano.

Pero al mismo tiempo, el mal uso de la tecnología el apetito desmedido de enriquecimiento, la búsqueda de poder y lucha por mercados han hecho que este significativo avance se trastoque en un factor negativo que ha llevado a la aparición de fenómenos perniciosos de carácter hemisférico como: Contaminación, efecto invernadero, manipulación genética, aparición de nuevos virus resistentes a las medicinas convencionales que amenazan en convertirse en pandemias. Se suman a estos males del siglo otros como: Stress, escasez de recursos energéticos naturales como gas y petróleo, pérdida y mal uso del agua, debilitamiento de la capa de ozono, etc.

El solo repasar la gama de problemas que carcomen la salud terráquea nos pone los “Pelos de punta” y si no se toman las medidas correctivas del caso llevaremos al planeta a su desaparición y veremos cumplirse lo predicho en muchas profecías y concepciones religiosas que preconizan el “Fin del mundo”.

Es deprimente pensar que nuestro bello planeta sea en un plazo no muy lejano, un planeta muerto, sin brillo y sin vida, una chatarra y basura espacial más. Si se nos pidiera en la actualidad definir al planeta Tierra no nos equivocaríamos si lo hacemos así: “Es un hermoso planeta azul con un destino negro”.