16 marzo 2019 »

César Vallejo: «Yo nací un día que Dios estuvo enfermo»

César Abraham Vallejo, el más grande poeta nacional, nació en un pueblito serrano del norte llamado Santiago de Chuco en 1892, pero murió lejos de su patria, un viernes santo de 1938, en la ciudad de París.

César Vallejo fue un poeta que corregía mucho sus textos. Casi nunca estuvo satisfecho con lo que hacía. El poeta peruano, según los estudiosos de su obra, corregía de una manera magistral que, tal vez, fue una de las mejores lecciones que ha dejado a todo escritor.

Estudió la primaria en su tierra, y secundaria en Huamachuco, hacia fines de 1908. Ingresó en 1913 a la Universidad de La Libertad (Trujillo), donde se graduó de Bachiller con una tesis sobre El romanticismo en la poesía castellana. Por aquellos años se asoció al denominado grupo «Norte», encabezado por Antenor Orrego, Víctor RaúlHaya de la Torre, Macedonio de la Torre y Alcides Spelucín, entre otros.

«Cuando Juan Parra del Riego estuvo en Trujillo por el año 1916 señaló la importancia de Vallejo, ante la lectura de sus poemas, y lo sindicó entonces como poeta ‘preciosista’ «, detalla el crítico Augusto Tamayo Vargas en Literatura Peruana.

Asimismo, José Carlos Mariatégui en 7 ensayos de la interpretación de la realidad peruana escribe: «Vallejo es el poeta de una estirpe, de una raza. En Vallejo se encuentra, por primera vez en nuestra literatura, el sentimiento indígena virginalmente expresado».

En 1918 viajó a Lima para estudiar un doctorado en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ese año publicó su primer libro titulado Los Heraldos Negros.

André Coyne estudió este poemario y, entre otros aspectos, sostiene: «lo que integra inmediatamente a Vallejo en una corriente poética general, que se inicia en los años de la primera guerra mundial, es su abandono desde el primer libro y de una vez por todas de la preocupación por la forma bella y el lenguaje pulcro».

En 1920, el poeta estuvo envuelto en un incidente drámatico por el cual fue detenido injustamente y llevado a la cárcel de Santiago de Chuco, donde permaneció tres meses. Los periódicos de aquella época defendieron la inocencia del vate peruano y gracias al trabajo de su abogado José Carlos Godoy Vallejo salió libre.

Viaje sin retorno

Tras las rejas escribió Escalas melografiadas, una prosa desgarradora. Los seguidores de su obra indican que este texto sirvió de inspiración para la construcción literaria de Trilce (1922), una obra que publicó poco antes de su viaje a Europa y que fue prologado por Antenor Orrego.

Precisamente en 7 ensayos…, Mariátegui transcribe las palabras que César Vallejo escribió a Orrego, luego de publicar Trilce: «El libro ha nacido en el mayor vacío. Soy responsable de él. Asumo toda la responsabilidad de su estética. Hoy y más que nunca quizás, siento gravitar sobre mí, una hasta ahora desconocida obligación sacratísima, de hombre y de artista: ¡la de ser libre! Si no he de ser hoy libre, no lo seré jamás…».

Al respecto Mariátegui concluye: «Éste es inconfundiblemente el acento de un verdadero creador, de un auténtico artista. La confesión de su sufrimiento es la mejor prueba de su grandeza».

César Vallejo, considerado el representante máximo del vanguardismo en el Perú, deseaba viajar a Europa y lo hizo en 1923. Estuvo por diversas ciudades europeas como París, Madrid, Moscú, Budapest, Bruselas y Berlín. Permaneció en el Viejo Continente 15 años y se casó con la francesa Georgette Philipard.

Lejos de nuestro país escribió Rusia en 1931, Reflexiones al pie de Kremlin, así como una obra de teatro llamada Lock-out. Ese mismo año se afilió al partido comunista español. También escribió una novela sobre la explotación de una comunidad de indios titulada Tungsteno.

Vallejo careció de recursos económicos en Europa. Al principio, vivió de artículos periodísticos y ensayos que enviaba a distintas revistas del país. Por ello Luis Alberto Sánchez escribió: «Europa fue terrible para Vallejo. Un hombre como él, todo sensibilidad, sencillez y contemplativo ocio, sin inquietudes políticas, generoso y discurridor, no tenía qué hacer».

Después de su muerte, en la clínica del Boulevard Arago en París, el 15 de abril de 1938, se publicaron, entre otros, Poemas Humanos y España, aparta de mí este cáliz.

Estamos, pues, ante un personaje mayor de las letras peruanas. «Por muchos motivos y desde variados ángulos -apunta LAS-, la poesía de César Vallejo es considerada como una de las más representativas, insólitas y profundas del idioma». . Fuente: UNMSM

Yo nací un día

que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,

que soy malo; y no saben

del diciembre de ese enero.

Pues yo nací un día

que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío

en mi aire metafísico

que nadie ha de palpar:

el claustro de un silencio

que habló a flor de fuego.

Yo nací un día

que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha…

Bueno. Y que no me vaya

sin llevar diciembres,

sin dejar eneros.

Pues yo nací un día

que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,

que mastico… y no saben

por qué en mi verso chirrían,

oscuro sinsabor de ferétro,

luyidos vientos

desenroscados de la Esfinge

preguntona del Desierto.

Todos saben… Y no saben

que la Luz es tísica,

y la Sombra gorda…

Y no saben que el misterio sintetiza…

que él es la joroba

musical y triste que a distancia denuncia

el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día

que Dios estuvo enfermo,

grave.

 

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